A LA SOMBRA DE LOS LIBROS EN LEÓN

Nunca antes vivimos una jornada tan calurosa en la Feria del Libro de León. Los libros fueron la sombra protectora bajo la que cobijarse de las temperaturas que agostan mayo. Pablo Albo y Antonio Santos nos refrescaron más que un helado de vainilla.

Muchas risas y algún que otro susto nos dio Pablo Albo. Entre otros secretos nos descubrió que la cecina de León proviene de la vaca y no del rey de la selva.

Este increíble hombre parlante también nos descubrió cómo lograr que la sopa no queme gracias a una pequeña, María, quien veía los fideos bañándose en aquel lago de aguas amarillas, humeantes y burbujeantes, y no se atrevía a hincarles el diente. 

Cuentos de aire, historias de miedo que dan risa en un caluroso domingo (¿lo habíamos mencionado?) que concluyó dando protagonismo a un personaje especialmente sentido en León, uno de sus vecinos más singulares, Genarín.

El día de Jueves Santo de 1929, cuando Genaro Blanco Blanco moría atropellado por el primer camión de la limpieza que conoció la ciudad de León, dio comienzo una leyenda que continúa viva hasta nuestros días. Pellejero de profesión, habitual de los bajos fondos de la ciudad, devoto del orujo, de las timbas y de los prostíbulos, su muerte fue tan sonada que pronto se creó una cofradía integrada por poetas y bohemios de la noche y dedicada a honrar su memoria.

Antonio Santos nos introdujo en El entierro de Genarín, de Julio Llamazares, cuya última edición ha ilustrado entre la picaresca y el esperpento literario. Un evangelio apócrifo en el que se relatan la vida y los milagros del célebre pellejero, el irónico homenaje a un vividor que se ha convertido al pasar del tiempo en el santo de los borrachos y los bohemios.

El ilustrador nos introdujo, además, en los secretos del grabado y habló de influencias como el expresionismo. 

Los lectores leoneses tuvieron así la oportunidad de llevarse, entre otros títulos, su libro dedicado por escrito e ilustrador. Una oportunidad única también para los jóvenes fans de Albo.