Destacado, Entrevistas - Escrito por espacioiluminado el Jueves, Mayo 12, 2011 10:03 - 1 comentario
“El atractivo de los clásicos reside en la fuerza de sus historias”

El crítico Manuel Rodríguez Rivero recomienda su Caperucita Roja (Narval) narrada solo con imágenes en Babelia, suplemento cultural de El País. La califica de “estupenda (y terrorífica) recreación sin palabras” para “todos los padres imaginativos”. Adolfo Serra animará este sábado a crear mil y una caperucitas a los participantes en su taller de la Feria del Libro de Salamanca para que cada uno aporte su propia versión del cuento.
¿Qué haréis en el taller? Jugaremos a interpretar el cuento clásico de Caperucita Roja de una forma divertida y diferente. Cada niño y niña creará su propia versión del cuento, plantearemos otros puntos de vista… habrá un grupo de caperucitas y caperucitos y otro grupo de lobos.
¿Los participantes necesitan alguna habilidad especial? Ninguna… Simplemente dejar volar la imaginación.
Invitas a que construyan su propia versión del cuento. ¿Alguna sorpresa? ¡Seguro que surgen ideas muy originales! Hace poco, dibujando en torno al libro, una niña pintó una Caperucita y junto a ella un marciano sin dientes que quería robarle la cesta… ¡En estos tiempos hasta el lobo tiene competencia!
¿Suelen decantarse más por Caperucita o por el lobo? Hay de todo, pero el lobo siempre triunfa. De hecho, al contar el cuento, suelen ser los adultos los que tienen más prejuicios hacia la figura del lobo. Los niños y las niñas están encantados cuando aparece.
¿Por qué un álbum sin texto? Caperucita Roja es un cuento extremadamente conocido y estereotipado, el primer paso en este proyecto fue revisar las versiones clásicas, las versiones modernas… en ese momento surgió la primera pregunta: ¿cómo puedo aportar algo nuevo?
Uno de los principales objetivos a la hora de realizar este álbum era evocar las emociones propias del cuento clásico. Caperucita Roja es una historia que habla de miedo, incertidumbre, ingenuidad, inocencia, sorpresa, engaño… yo quería atrapar esas emociones en cada una de las imágenes. En conjunto, el álbum debía trasladar al lector una sensación similar a la que genera el cuento tradicional. El lobo acecha, engaña, persigue… me parecía interesante desarrollar una serie de metáforas visuales para establecer esta idea, quería que el lobo siempre estuviera presente en cada ilustración pero no de una forma evidente, para sorprender al lector y fomentar su imaginación a la hora de narrar el cuento.
“Quise plasmar el miedo
a través de imágenes bellas”
Por otro lado, me interesaba especialmente la idea de que fuera el lector quien interpretara las ilustraciones y creara su propia versión del cuento, a través de su recuerdo o a partir de una versión nueva sugerida por las imágenes. Quería recuperar de alguna manera la experiencia de “contar un cuento”, así el álbum adquiere una nueva dimensión, no se agota y la historia se puede interpretar una y otra vez.
Todo el mundo conoce el relato, los personajes, los diálogos… En este caso, sentía que el texto no añadía nada nuevo, sino que limitaba. Creo en la capacidad del lector, ya sea niño o adulto, para generar sus propias ideas, emociones o sentimientos a partir de las imágenes, sin que haya un texto definido que le distraiga u oriente. A Narval Editores le gustó la idea y apostó por el proyecto desde el principio.
A priori suena a una apuesta arriesgada. ¿Cómo reaccionan los lectores? La verdad es que estoy sorprendido con la acogida. Con este álbum ha habido muchas sorpresas y bonitas palabras. Es emocionante ver cómo un lector interpreta el cuento, cómo lee las imágenes y que te haga partícipe de todo ello.
¿Cómo se acercan a esta forma de narración? Es curioso, a veces los adultos me preguntan si los niños van a ser capaces de interpretar las ilustraciones que componen el cuento, o incluso me comentan que el lobo provoca demasiado miedo… Yo les planteo que hagan un juego, que prueben a que sea el propio niño o niña quien les cuente la historia, con un poco de ayuda por su parte… a ver qué pasa. Seguro que se sorprenden.
En mi caso, cuando he hecho presentaciones con niños, son ellos quienes crean la historia y se enfrentan al cuento sin ningún tipo de miedo o prejuicio, no tienen problemas para interpretar las imágenes y disfrutan con la figura del lobo. Precisamente les encanta la parte en la que se come a Caperucita…
“Leyéndolo” vemos que Caperucita sigue vigente porque se trata de una metáfora del miedo, del acoso… Caperucita Roja es un cuento de hadas de transmisión oral que advertía sobre los peligros del bosque frente a la seguridad de la ciudad medieval. Charles Perrault fue el primero en transcribir esta historia en 1697. Se trataba de un oscuro cuento destinado a prevenir a las niñas de los desconocidos. En 1812 los hermanos Grimm pusieron por escrito la versión más leída hoy, una historia más inocente ya que le agregaron un final en el que Caperucita y su abuela son salvadas por un cazador.
Desde Perrault hasta nuestros días, la historia de Caperucita Roja se ha narrado, repetido, modificado, puesto por escrito, cambiado, ilustrado, transformado y vuelto a contar…
Creo que hay un personaje clave en todas estas versiones del cuento: el miedo. Caperucita camina hacia un final trágico, es acechada y engañada… poco a poco se va metiendo literal y metafóricamente en “la boca del lobo”. El lector, tanto niño como adulto, lo sabe y es partícipe del recorrido.
Ese miedo ha sido fundamental para abordar esta adaptación de Caperucita Roja. Me gustaba la idea de presentar el cuento clásico como un juego de percepción, un baile entre los tres personajes… Caperucita Roja, el lobo y el miedo. Y siempre teniendo en cuenta que el libro está dirigido a un público amplio, especialmente a los niños. Entonces surgieron multitud de reflexiones sobre Caperucita Roja y el miedo. ¿Es el miedo algo real? ¿Lo hacemos nosotros más grande? ¿El miedo existe como tal o es el producto de nuestra mente? Miedo a lo que pueda pasar, a lo desconocido, a las consecuencias de nuestros actos…
Ese conjunto de miedos comenzaron a dar forma al cuento, estableciendo una atmósfera interesante para mi adaptación. Quise plasmar el miedo a través de imágenes bellas, generando una contraposición entre un personaje pequeño, indefenso, inocente y un paisaje enorme, un vacío irreal en el que puede pasar cualquier cosa. El miedo se manifiesta generando tensión, en el paisaje, en las ausencias y evidentemente en la figura del lobo.
Los clásicos siguen siendo una fuente de inspiración. Generación tras generación los recuperamos. ¿Qué hay de actual en ellos? En mi opinión, el atractivo de los cuentos clásicos reside en la fuerza narrativa de sus historias, con temáticas que contienen distintos grados de interpretación, no necesariamente infantiles, pero que llegan tanto a niños como adultos.
“Me interesaba especialmente la idea
de que fuera el lector quien interpretara las ilustraciones”
De alguna forma los cuentos clásicos siguen vigentes y atrapan a todo tipo de públicos. Creo que esto se debe a que contienen una serie de elementos o atributos capaces de construir una buena historia. Aventura, romance, acción, misterio o engaño, la lucha entre el bien y el mal, héroes, malvados… estos ingredientes suelen dar forma a un relato interesante, con independencia de si se trata de un cuento para niños, una película o una novela.
Tengo la impresión de que en la actualidad hay una tendencia a pensar que un cuento infantil debe ser dulce y con un final necesariamente feliz. Evidentemente cada historia es diferente y persigue unos objetivos, pero creo que lo interesante de los cuentos ocurre justamente al terminarlos, cuando se plantean preguntas y se genera un diálogo entre niños y padres o educadores.
Los clásicos generan muchas preguntas, quizá porque abordan temas, emociones o conflictos propias de la vida y del ser humano -aunque estén envueltos en situaciones irreales o fantásticas y dentro del formato cuento-, ayudan a enfrentarse a esos temas y a crecer.
Por cierto, ¿qué diferencia esta versión de otras? Parece un reto complicado, pero superado en este caso, no repetirse. Creo que existen versiones muy interesantes y sorprendentes de Caperucita Roja. Yo he intentado dar forma a una versión sin texto, en la que el peso de la narración recae únicamente sobre la sucesión de las ilustraciones que componen el libro. Por otro lado, las ilustraciones plantean metáforas o juegos visuales, en definitiva, generan un diálogo o guiño con el lector. Todo el libro está abierto a la imaginación, para construir la historia, interpretar el cuento clásico, crear un final… y una vez que se cierra, en otro momento, en otras manos, se puede crear otra Caperucita de una manera totalmente diferente.
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MAXTHOR » Cómo crear libros que atrapen.
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